martes, 10 de enero de 2012

Nuevas Relaciones. Parte 1. Lo Que Fue

La primera parte dedicada a las nuevas relaciones, volteando un poco al pasado, lo que fue.

Me he cansado de joder de inmediato, de ser de su cuerpo el cuerpo, de ser de su deseo el deseo, me canso de su toque esperado, el que busco todas las noches, me canso de hacer lo mismo como me canso de vivir cada día, abrir los ojos, respirar, me he cansado de eso, de ser el sexo de su sexo, y de hacer de las noches recuerdos, me he cansado del repiqueteo de su latir, del impulso de vivir por no morir, de mi agonía convidada, me he cansado de todo lo que me lleva al milagro de su tentación, de cruzar todos los días la línea de sus senos pequeños y preciosos, hermoso pecho, de lo negro de sus palabras calladas, de lo eterno que hay en su parpadeo entre uno y otro, de sus ojos que se deshacen en los ritmos que nos marcamos cuando nos disponemos a las cosas del placer y las flores que no se ven y, que estarán presentes en la boda, en los bautizos y en el momento de mi cortejo, el fúnebre, me he cansado de pronto de mi propia rutina, me he cansado de mis ojos que quieren ver más, me canso de ellos cuando me doy cuenta que requiero más, que me cae en la conciencia con momentos oportunos, de los que uno no espera, todo lo que uno no sabe que vendrá, por que todo lo que había echo eran juegos de palabras, de acciones, una y otra vez, repetidos sin cansancio, de noches que pasaban y las había olvidado en el resumen de mis deseos, y ahora quiero más, como nuevo, como si fuera único, como lo que no conozco, por eso ahora quiero hacer lo que no había echo, todo tan sin nombre, tan lleno de miradas y de momentos que están tan atrás de mi conciencia y se forman uno a uno para no dejar pasar los recuerdos que apenas van naciendo, tan nuevos ellos también, tan todo lo que pasa que ahora me pongo a escribir y a poner lo que escucho en letras estampadas en una máquina de escribir, los sonidos, todos mis morir, los estruendos lejanos, los todo y los detalles, lo que sucede cuando suceden cosas nuevas, cuando escoges a alguien y te pones en el papel de Dios a construir y a repelar de lo que había antes, por eso hago esto, para ustedes, para los que lo hicieron, para los que lo harán, para los que como yo, viven cada cosa como si antes no se hubiera sabido de ella, ahora un tríptico, esta parte dedicada a lo que hace todo nuevo, un especial sobre las relaciones tan nuevas, que da temor escribir sobre ellas.

Prefiero morir a empezar una relación, por que en ellas he muerto tantas veces que las tumbas todas grises llevan mi nombre, mis apellidos, mis apodos, todo ello en mi epitafio, siempre el mismo, el que antes no estaba, todas las muertes de mis relaciones que creí eran contadas y al final tantas, al final llenas de momentos de dolor que uno no deja pasar, como si no se hubieran sentido, pero si se sienten, se sienten, se siente profundo terminar, destrozar lo hecho, crecer en la derrota, se siente perder, se siente ser el perdedor y se siente empezar de nuevo desde cero como si nada hubiera pasado, si pasó. Da por no recordar, da por no sentir, da por ser de nuevo y olvidar, da por morir, cuando a uno no le queda otra alternativa que ser el muerto, yo he sido tantos muertos, que el pueblo de donde vengo en el que hay fiestas en noviembre, en donde la tierra aun está mojada por la lluvia y el polvo aun es ceniza, en donde el aire aun es fresco de escaparse de mi propia  tumba, ese pueblo mío, podría dedicarme los crisantemos, las noches frías y los llorares de las mujeres ancianas en rebozos dolorosos, ellas que saben del dolor, que saben de los caídos, de los levantados tan fuera de nuestro alcance, pero aquí me tienen saliendo de las sábanas de mi funeral casi tan reciente que ya lo olvidé, como las veces que uno cree estar y sin saberlo es echado a un lado de los planes de la vida, tan triste el momento en el que uno se da cuenta del no, tan triste el momento en que se es rechazado, los momentos desangelados tan lejanos, los días aquellos de las creencias y aquí uno con las figuras maché en la necedad de creer de nuevo y de seguir caminando, lejos esos días, esas tardes, esos sueños truncados y todo lo que son, lejos de todo lo que uno fue, lo que olvidó. A veces si el día esta de suerte y el santiguarse favorece, es cuando uno siente remansos de fuerza suficientes para morirse de nuevo. Morir otra vez, con la esperanza de que esta sea la última, de que el intento valga la pena, la fe, la religión perdida, todos los cuervos en la espera del muerto que se levanta y escapa, con la esperanza de que la próxima sea para siempre, no la vida sino la muerte.

He traído hasta mí las faldas que quité por la noche de los deseos, he dejado atrás los temores, las presentaciones, el alcohol que corre por los ríos en caudales y los modales que tanto estorban, se rinden en cansancio al momento de parir una nueva relación. He dejado atrás mi condición arrastrada y rastrera, limosneada de sentires, llena de ayeres, esa la he dejado atrás y me he puesto a penar en las promesas que no se hacen, que al menos aun se cumplen, me he puesto a hablar de las nuevas nacidas con el tiempo a mi lado, callado, tomando la última gota de mis ilusiones y dejando como el negro las respuestas a mis preguntas, ah no sé, como siempre soy el último en escuchar y el primero en sentir, por lo pronto me gusta sentarme en la entrada de su casa, sentir la humedad de los pastos, ser estorbo de la lluvia, cobijarme en los brazos largos de las incógnitas, ser parte de mi final.

¡Ah! Los imposibles son lo mío, por eso aun creo en palabras como “caer de sentir”, entre uno y otro, entre lo que me cuentan y me lloran, entre lo que veo y siento, entre todo ello aun encuentro un momento del día para crecer, para sentirme parte, una muy pequeña, de la oposición a la realidad, de los finales eternos en los que a lo mejor, bueno, solo eso, a lo mejor, ahora les pido me dejen, me dejen ir, al menos intentarlo, déjenme ir los pasados, los fantasmas, los recuerdos que me mantienen inquieto, que me dejen ir por lástima, que me deje ir el destino, la mierda del camino, las voces que nunca fueron escuchadas de los que, somos tantos, los que compartimos desesperación y los que no logramos la magnanimidad de una vida compartida con la mujer querida. Nosotros, poco favorecidos por la suerte, somos los que pedimos de nuevo, cualquier cosa somos, que nos dejen intentarlo de nuevo, en un jueves cualquiera sin fecha especial, no nos pregunte el por qué ni el cuando dejaremos de intentarlo, no nos pregunten de los adioses escuchados que nos han regalado tantas veces, tenemos ganas, solo eso, ganas que esconden secretos para salir adelante, esperando un “a lo mejor” y si no es de nuestra suerte obtenerlo, al menos morir en el intento.

Déjenos a los que hemos perdido tanto y tantas veces, lo único que necesitamos es un jueves, un día, una muerte digna.

He pedido que no me molesten las mujeres que han estado antes, he pedido algo de tiempo, he pedido con súplica, he pedido olvidar, que se me quemen los labios si las pronuncio de nuevo, si vivo de nuevo lo que pasó ya no es.

No he aprendido a vivir bien por eso dejo atrás lo casi olvidado, lo muy recordado en las noches donde, el frío cala en los huesos, muy atrás los momentos, los que se creían importantes, reales, los que se esfumaron entre los vasos que cargaban las bebidas y las miradas, las mañanas no natas, lo que dejo de ser gracioso cuando termino, mírenos corriendo en circulo como no aprendiendo, sintiéndonos felices de nuevo, escuchando las cigarras afuera de la habitación donde camina la noche por vez primera con una mujer nueva, sin saber la lección venidera, sin creer que sigues aprendiendo, haciendo cuerdo el mundo que está loco.

Me gusta ser silencio, me gusta ser no visto ahora, me gusta no estar cuando entro en la recamara pisando la alfombra, me gusta ser mi propia broma, mi triste felicidad echa pedazos, somos los eternos, esos somos. Me entristece lo que no pasó, a todos nos entristece lo que no fuimos para alguien, la sombra en la que nos convertimos después de tirados, usados, poco útiles, después de la falta de creencias no de las muestras, de aquellas personas en quienes confiaron y ellas que creyeron en algo mas no en nosotros, creyendo más en su soledad que en nosotros haciéndoles compañía, los que no somos, comprendo poco, pero comprendo lo que no fui, comprendo que salí siendo el mismo extraño que entro así como si no quisiera ser todo, todas las mañanas acumuladas, la agonía que desea ser enterrada por su pareja, enterrar junto a lágrimas secas y tercas a la persona que estuvo a tu lado, ser uno con los perdones y con los errores, me entristece no haber sido eso, me entristece no haber sido nada.

¡Ay! Las amistades me valen una chingada y dos cuartos, yo no soy de los que conservan la amistad del amor, lo entierro bien y profundo, lo entierro para siempre, sin culpa y con encanto, no me gusta hablar de los nuevos juegos con los viejos intentos, no me gusta ser mi propia mofa inconsciente ni mi propio fracaso, corro sin voltear la mirada, corro sin saber mucho ni saber mas, corro, corro y no me interesa platicar después ni recordar las hazañas no logradas, las contadas partidas ganadas, no me interesa una charla pueril a la sombra de un restaurante barato, ni a la luz de un recuerdo de lo que no fuimos juntos, me gusta ser lo que se fue en el río y no regreso en la corriente, ser lo que no se quedo revolcado a la orilla, me gusta ser la basura que camino por el tiempo y alguien más encontró para un uso útil, me gusta dejar de ser la basura de un recoveco y convertirme en la curiosidad de alguien, me gusta ser lo que se fue y no lo que se quedo.

Gracias por el tiempo que fue y ahora se termino.


1 comentario:

DAME UN PRETEXTO PARA REESTRENAR MI VIDA

¿Te gustaría oír mi historia? No tiene un final feliz pero, ¿Cuál de nuestras existencias lo tiene?

Estaríamos bajo una lápida si hubieramos tenido un desenlace afortunado.