lunes, 13 de febrero de 2012

Nuevas Relaciones. Parte 2. Lo Que Es

La segunda parte del tríptico dedicado a las nuevas relaciones, en este turno, para las relaciones que son, que se palpan, que se sienten.

Y las embarcaciones pequeñas como estrellas muriendo, estaban náufragas como encontradas con la madrugada y el mar.

Fui de amaneceres un día, con ella en la playa, la arena y el fin del mundo. Su principio de agonía tan bella, el sentir del sol escapando de las manos del horizonte, con el sonido de sus dedos y los míos, el sonido de sus pestañas al cerrarse mientras amanecía. Fui de amaneceres un día con ella, yo que soy de atardeceres y despedidas, con ella fui al menos de oportunidades. Las oportunidades son lo mas consecuente que me ha permitido ser, enterradas en los sótanos de la arena, los recuerdos dolorosos, los adioses al pie de la realidad. Fui de nubes largas, tan largas que podíamos pensar en tocarlas. Fui de amaneceres un día con ella y los sonidos al fondo.

El amor es la mejor droga, lo sé por los que son, los que están y los que se fueron, extrañando al gran Abel. Lo sé por ella en el mar con la espalda a mis ojos y su vista al final de las nubes coposas. El amor es la mejor droga, es estar y quedarse, es despertar y calmarse, es sostenerla en los brazos y en el despertar de sus ojos, su piel, su vientre, su andar en las sabanas, su risa oculta y su cintura a la distancia de mis dedos que solo quieren sentir su pulso para saber si aun está viva.

Cuando la conocí fue en un estado de calma, luego vendrían las tormentas y sus manos señalando lo que ya olvide, pero cuando la conocí, era lo nuevo, ella tan si misma envuelta en la incredulidad, cuando la vi la fui guardando por pedazos, su tímido caminar, el pantalón de mezclilla, la vista borrosa, después sus brazos enrollados en mi cuello, confiando en que no la estrangularía de tanta desesperación que me daba tenerla a mi lado y no dejarla recostada en la realidad sin, lo de nosotros, eso del amor o del recuerdo de estar juntos creyendo que las noches pasan mejor acompañadas, con un suspiro de por medio entre nuestros cuerpos, antes de conciliar el sueño.

Tengo frío en la espalda, me da cuando ella se va y me deja solo, y en la cama se meten mis temores, mis esperanzas con inanición y los pulmones destrozados, mientras toda ella se escucha a la distancia tan bella y tan grande que cupo apenas en mi corazón, por eso la siento y me oculto en sombras, las mías, para verla mientras ella no me ve y se desnuda, el mar la cubre, la besa, la abraza como yo quisiera hacerlo, sin dejar libre una sola parte de su cuerpo, anda mar, ámala como yo lo hago, y cuando ella salga entre ola y ola, siente el dolor que yo siento cuando dejo de verla.

Heme vivo, heme viendo el tiempo pasar sintiendo todo, los segundos, la muerte y mi vida con ello. Heme cuidando que la casa no se caiga, llenando las esquinas de sonrisas para que todo se mantenga igual, con los recuerdos detenidos, con ella entrando por la puerta o la silueta de su cuerpo desnudo en la bañera. Heme asombrado de realidad, heme asustado de cuando el sol se apague.

Yo sé que es mía, lo sé desde que cerró los ojos y al abrirlo lo primero que vio fue el bulto de mi cuerpo tan cansado al lado suyo y me acepto recurriendo al toque consecuente de la credulidad. Yo sé que la necesito, lo sé en las noches, lo sé en mis cansancios, en mis planes de volar y estrellarme, en mis planes de planear. Yo sé que la veo y ella no lo sabe, pero en mis momentos tan míos, la amo a ella, tan mía.

De lo que fue, de lo que es, ya se hablo, de lo que no se sabe aun falta esa parte, la última parte de este tríptico dedicado a las nuevas relaciones, a su tiempo, de lo que se espera pero no se sabe.


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