Estuve ausente casi un año, año que ocupe en encontrarme, en buscar soluciones a problemas estancados, en terminar frases y textos inconclusos. Durante ese tiempo encontré el único medio de sanación que evitó que siguiera cortandome; la depresión sigue me ha tumbado un poco, pero sigo de pie. Me acerqué a Dios, justo lo empiezo a conocer y me doy cuenta de que El me conoce mejor a mi que yo misma.
Conocí personas maravillosas que sin necesidad de mucha presentación o charla ocupan un lugar importante en mi corazón (por más cursi que eso se escuche/lea). De todo esto, te culpo a tí, si, te culpo de haberme echo caer, no te culpo por habermelo hecho si no por que no me lo mostraste antes.
A raíz de esto puedo decir que las prácticas insanas desvanecen poco a poco: dejé de expresar mis emociones a través del sexo, no más promiscuidad en mi vida; la masturbación ya no es mi desestresante oficial; las navajas han desaparecido de mi mesa de noche, mis muñecas por fin estan salvas; poco a poco voy dejando vicios, adios alcohol, adios tabaco.
Si bien es cierto, dejé de escribir, por que la inspiración se fue, hasta que llego un ser que fue capaz de desbloquearme, un ser capaz de hacerme sonreír, de hacerme sentir viva sin tocarme, fuiste tú, si tú!, un chilango desenfadado, de cabello largo y gafas cuadradas, de quien me burlo de su hablar, tú pensamiento me excita, te hace ver sexy, pensarte se ha vuelto en mi pasatiempo preferido, entiende me provocas hasta lo más profundo de mi ser.
Tú intelecto provoca al mío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario